Viernes, 29. Agosto 2014

Para Reflexionar

  • La tentación del espionaje ilegal

    El caso relacionado con la adquisición por parte del gobierno estatal de un equipo de monitoreo de telefonía celular que alcanzó un costo de 22.1 millones de pesos, debe significar una preocupación social dados los enormes riesgos que existen de que la autoridad emplee dichos equipos para espiar conversaciones al margen de la Ley, o quizá ya hasta lo ha hecho. Si bien es cierto que es legal la intervención telefónica en los casos de persecución del delito, también lo es que la tentación de espiar por razones políticas y de control social es un peligro para la protección de los ciudadanos y de sus datos personales. Conociendo experiencias del pasado, es sabido que los gobiernos han empleado equipos como el señalado para espiar a sus oponentes políticos o a ciudadanos que por diversas razones pueden representar un peligro para la autoridad. Los ciudadanos debemos exigir que se aclare cómo se están usando esos equipos.

    Discrecionalidad gubernamental

    Una de las cosas que más llama la atención sobra la adquisición del equipo de monitoreo de telefonía celular, es la forma tan sigilosa como el gobierno estatal se hizo de ese equipo, sin que nadie, excepto funcionarios estatales, sepan el uso que se le está dando. Abogados prestigiados han advertido el riesgo de violar el artículo 16 de la Constitución federal que establece la inviolabilidad de las comunicaciones privadas, mientras que la Comisión Estatal de Derecho Humanos ha anunciado ya una investigación para establecer los motivos y condiciones de uso de ese equipo. Además de exigir a la CEDH que lleve esa investigación a fondo y que haga públicos los resultados, los ciudadanos podemos pedir, como parte de nuestro derecho a la información pública, que se nos informe en detalle para qué y cómo se está empleando el equipo. Consulta la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado para que conozcas cómo puedes pedir esa información.

    Investigaciones a VLA, un insulto

    Resulta ya un insulto para la población que la Auditoría Superior del Estado (ASE), La Procuraduría y hasta el ayuntamiento de la capital señalen que las investigaciones sobra las irregularidades detectadas en la administración de Victoria Labastida siguen su curso. Resulta que las anomalías detectadas en 2011 aún se desahogan en la Procuraduría de Justicia y las de 2012 las tiene casi listas la ASE para enviárselas a la Procuraduría, en tanto que la Contraloría municipal aún no termina de investigar otro presuntos ilícitos encontrados y hasta se niega a dar a conocer los avances al Cabildo. ¿Y creen que los ciudadanos somos tan ingenuos para creer que en tanto tiempo que ha transcurrido no deberían estar más que concluidas las indagatorias? Que no nos mientan. Alguien está protegiendo a la ex alcaldesa y los potosinos exigimos castigo ya para quienes han traicionado nuestra confianza.

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  • La degradación de las cúpulas partidistas

    Los escándalos que protagonizaron en meses recientes prominentes personajes del PRI y el PAN, por una red de prostitución en el primer caso y a consecuencia de una fiesta con escorts en el segundo en la que participaron legisladores panistas y el aspirante a la gubernatura de San Luis, Alejandro Zapata Perogordo, no hacen más que confirmar que para la ciudadanía, la alternativa para resolver de fondo sus problemas y de vislumbrar un mejor futuro no está en los partidos político y sus representantes.

    Se trata de dos acontecimientos que degradan significativamente la política partidista y retratan de qué están hechos realmente algunos de sus militantes “más destacados”.

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  • ¿Mario García Valdez como gobernador? ¡Ni pensarlo!

    El alcalde Mario García Valdez ha dado suficientes muestras de frivolidad política e ineptitud como gobernante como para pensar en que puede ser gobernador del estado.

    El presidente municipal de San Luis Potosí lo mismo se la pasa inaugurando un trenecito infantil en la Alameda, que una pequeña obra de electrificación con lámparas led en alguna colonia del municipio; promueve la gastronomía de San Luis en otras latitudes o bien abandera un camping de verano; entrega decenas de miles de paquetes escolares con fines electorales y promueve su imagen hasta por las acciones más insignificantes de su administración, mientras los problemas de fondo de la ciudad siguen creciendo.

    La infraestructura urbana, -particularmente calles y avenidas- se encuentra en pésimas condiciones, hay colonias de la periferia que aún padecen desabasto de agua y de calles sin pavimentar. No se conoce planeación alguna para el crecimiento ordenado de la ciudad. Las oportunidades de empleo en la ciudad siguen siendo escasas  y problemas como el tráfico vehicular siguen creciendo sin que se vea solución alguna.

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  • Los deficientes servicios públicos que ofrecen nuestros gobiernos

    En alto contraste con la propaganda que hacen las autoridades en el sentido de que vivimos en  un estado de San Luis Potosí en pleno desarrollo y en una ciudad capital con todas las condiciones para ser considerada como estratégica para la inversión privada y para entrar en una etapa de franco progreso, las cifras que arroja La Encuesta Nacional de Calidad de Impacto Gubernamental 2013, aplicada por el INEGI, retratan una realidad muy distinta a la que presumen el gobernador y algunos alcaldes potosinos, particularmente en lo que se refiere a los servicios públicos que recibe la población.

    Aunque los resultados del sondeo no están desagregados por municipio, para nadie es desconocido que la ciudad de San Luis Potosí tiene baches en muchas de sus calles y por más que en la propaganda que difunde el ayuntamiento -pagada con nuestros impuestos- quiera dar la imagen de que se está trabajando para revertir esta situación, la ciudadanía tiene muy claro lo que realmente sucede.

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  • El “debate” de las instituciones

    Los desafíos que plantean hoy las grandes transformaciones que requiere el país demandan de los órganos de decisión del Estado mexicano y de la ciudadanía una amplia discusión que nos permita encontrar soluciones reales a los problemas estructurales que padecemos (corrupción, pobreza, tráfico de influencias, impunidad, monopolios, bajo crecimiento económico, desempleo y migración, entre otros). Pero, ¿el gobierno, las cámaras legislativas, el poder judicial, los partidos políticos, están promoviendo el debate necesario que nos permita encontrar esas soluciones y construir un proyecto de país?

    Tan sólo algunos acontecimientos recientes permiten afirmar que no es así. Dos de las más importantes reformas para la vida económica y social de la nación: la reforma en telecomunicaciones y radiodifusión y la reforma energética fueron aprobadas sin una discusión de fondo a pesar de innumerables reservas que presentaron representantes de algunos partidos políticos. A cada intento de modificar o adicionar alguna norma, la aplanadora priista, con sus satélites Nueva Alianza y Verde Ecologista y una parte del PAN, desechaban las propuestas a fin de proteger y aprobar, sin mayor discusión, las iniciativas presidenciales.

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  • Del abuso de poder

    Juan Antonio González

    Considerar a los políticos como un montón de abusivos no es una ofensa sino apenas un esbozo de definición, una mera descripción. Ellos, los políticos, abusan sin rubor ni descanso, nada les detiene. Abusan porque quieren, porque pueden y porque los dejamos.

    Abusan de todo y de todos, pero de manera especial de la ciudadanía, a la que ven como una masa invisible y heterogénea de ignorantes y dejados; de seres microscópicos de los que se pueden burlar porque son poco menos que nada, unos inmemoriados.

    Los políticos, apenas llegan a ostentar un cargo público y de inmediato desarrollan su sentido del abuso y en ese mismo sentido, empiezan a perder la vergüenza. Conforme van aguzando su sentido del abuso, van perdiendo la pena, y de la moral, como dijo el cacique, solo saben que es un árbol que da moras.

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Miércoles, 22 de Febrero de 2012 03:48

Candidatos No Registrados, la opción

por  Reflexión Ciudadana
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Ante la muy escasa capacidad, prestigio, compromiso social y ética política mostrada por cientos de candidatos a puestos de elección popular en décadas recientes, los votantes  nos formulamos ahora la pregunta,  ¿por quién voy a votar en las próximas elecciones?

Nos encontramos ante la disyuntiva de que, ya no es tanto quién es buen candidato para llevar nuestra voz a los distintos espacios de representación, sino quién es “el menos malo o el menos peor”.

 

A eso nos ha orillado la clase política que ha gobernado nuestro país y el estado pensando que no nos queda otra opción, ya no para aspirar a mejores condiciones de vida sino al menos para mantener las que tenemos. Pero quizá no te has dado cuenta que esa actitud, que esa posición, no ofrece ningún cambio en tu vida, ni da mejores oportunidades de bienestar y superación a tu familia y menos modifica las enormes desigualdades sociales que existen.

Como ya está plenamente demostrado en los últimos 40 años, los gobiernos de todos los partidos y de todos los colores han sido incapaces de responder a las demandas más sentidas de la población y hasta de resolver las necesidades más elementales de amplias franjas de mexicanos que aun carecen de agua potable, drenaje, energía eléctrica y pavimentación en sus calles, o no tienen empleo o el salario que perciben apenas les alcanza para cubrir necesidades básicas.

Volver a votar por las mismas opciones que nos ofrecen los partidos políticos lo único que provocará es que las cosas sigan como están o incluso que empeoren; los que sí  está claro es que no van a mejorar.

Si votamos por los de siempre, por los mismos partidos y candidatos -porque vaya que hay políticos que llevan años postulándose para uno y otro puesto de elección y esta vez no será la excepción– las débiles condiciones de nuestra economía, el empleo, la educación, las oportunidades de desarrollo y la deficiente calidad de vida que padecemos gran parte de la población se mantendrán como hasta ahora.

Mientras sigamos resignados a que las cosas no van a cambiar, a mantenernos en nuestra zona de confort porque tenemos medianamente resueltas nuestras necesidades o, peor aún, a aceptar que no podemos tener un mejor trabajo, un mejor salario, un empleo digno para nuestros hijos o una educación  de calidad que los lleve a competir en el nuevo entorno global en el que nos encontramos, nada cambiará.

El problema está en que no hemos sido capaces de superar esa barrera psicológica de votar “aunque sea” por el menos malo, y darnos la oportunidad de buscar otra alternativa. Preferimos conformarnos y acogernos a ese famoso refrán que dice: “más vale malo por conocido que bueno por conocer”.

El problema está en que los mexicanos no nos hemos atrevido a arriesgar en busca de algo diferente, de algo que nos permita ver y vivir cosas nuevas y tener una esperanza de que las cosas sí van a mejorar.

Por eso la pregunta es, ¿y qué puedes perder si votas por un opción distinta a lo que siempre te han ofrecido y que está comprobado que no funciona?

Desde luego que votar por una opción diferente no necesariamente es una garantía absoluta de que nos llevará a mejores estadios de vida, pero si una posibilidad real de que así suceda porque se trata de ciudadanos probos, honestos, cuya trayectoria dé muestras de estar comprometido con las causas de sociedad –y no de la clase política y del poder económico-, lo que nos da mayores garantías de que irá a representar nuestros legítimos intereses en el cargo de elección popular que pueda ocupar.

Por eso la alternativa está en votar por candidatos no registrados que bajo esa denominación aparecen en las boletas electorales y en los cuales debemos colocar el nombre de aquel que hayamos elegido.

La enorme ventaja de los candidatos no registrados es que son personas independientes, que no tienen los compromisos que aquellos que llegan postulados por los partidos políticos. Su único compromiso es con quienes votan por ellos, es decir, con los ciudadanos.

Por supuesto que elegir un candidato no registrado que sí represente nuestros intereses, implica elegirlo con inteligencia y -de la mayor relevancia- con información suficiente y de calidad que nos permita tener la certeza de que es un aspirante que llevará la camiseta de la ciudadanía.

No lo olvides. Ya han sido muchos años de padecer gobernantes ineptos y corruptos que lo único que buscan es satisfacer sus intereses, los de sus padrinos políticos y los de las cúpulas de los partidos que los postulan. No hay posibilidad de engaño, tú lo has comprobado por décadas.

No te conformes con más de los mismo, con votar por el menos malo, con mantener tu estatus de vida; con vivir en un país, en un estado o en un municipio donde prevalece la marginación social y donde las oportunidades son solo para unos pocos privilegiados que te han robado la posibilidad de un mejor futuro para ti y tu familia, y para la comunidad en la que vives.

Recuerda: la única forma de que las cosas mejoren es votando por una opción diferente, y esa opción diferente la representan los candidatos no registrados que tú elijas por su trayectoria y compromiso social.

Decídete, arriésgate y di “lo voy a intentar”, porque sólo así podemos aspirar a cosas mejores: a mejores oportunidades de empleo para ti y para tus hijos, a mejores salarios, a mejores niveles de educación. En suma a mejores niveles de bienestar. Tú, tu familia y tu comunidad lo merecen.

Ultima modificación el Miércoles, 22 de Febrero de 2012 04:09

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  • Editorial

    Para que las cosas cambien hay que hacerlas de manera diferente

    En cualquier actividad, si las cosas que emprendes o desarrollas las haces siempre igual y en todo momento te va mal, el sentido común te dice que tienes que hacerlas de manera diferente para que puedas obtener buenos resultados. Si una persona tiene un negocio en el que está haciendo las cosas siempre de la misma forma y le va mal, está necesariamente obligada a cambiar la estrategia o de lo contrario su negocio está destinado al fracaso.

    Lo mismo sucede en la política pero parece que no nos damos cuenta.

    Elección tras elección, gobierno tras gobierno, los políticos nos aseguran que en el municipio, el estado o el país las cosas van a cambiar para bien de la sociedad. Dicen que van a acabar con la pobreza, con la desigualdad; que habrá más justicia, más democracia y más oportunidades para todos. Y entonces, los electores acuden a las urnas y votan por uno de esos candidatos, o por mera costumbre -lo que muestra el desinterés ciudadano por los asuntos públicos- o bien creyendo que, ahora sí, hará un buen trabajo en favor de la comunidad y de las necesidades de los ciudadanos, o acaso porque parece el “menos peor”.

    Pero resulta que las cosas al término de cada administración, lejos de mejorar, empeoran o, en el mejor de los casos, permanecen igual que cuando ese político en campaña te bajó el cielo y las estrellas. Y aún así, ¿sigues acudiendo a votar en favor de quienes siempre te han mentido, de quienes siempre te han hecho promesas que no han cumplido y que han jugado con tus expectativas y tus posibilidades de desarrollo?

    Muy lejos de cumplir los compromisos que ofrecen, los candidatos emanados de los partidos, una vez en el puesto, han acabado por endeudar al municipio y al estado ¡gracias a que nuevamente acudiste a votar por ellos!, y te han endosado una gran deuda que tendrás que pagar y que es producto de acciones en las que muchas veces se incurre en el despilfarro y en la realización de obras no prioritarios.

    ¿Cuántas veces más vas a votar por esos representantes de los partidos -no de la sociedad- para que sigan incrementando tu deuda y dejen de proporcionarte los servicios y las oportunidades que tú requieres para una vida mejor?

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