Corrupción de todos colores


Publicado el 19/12/2017


Victoriano Martínez Guzmán

Desde hace tiempo era una sospecha, pero todavía se les dejaba un ligero espacio para el beneficio de la duda en la conocida expresión de J. Carmen García Vázquez: la ideología los separa, pero el presupuesto los une.

            Reconocerles una ideología equivalía a abrigar la esperanza de que al menos cada uno de los partidos adoptaría medidas que, aunque distintas, tendrían como objetivo una misma causa: lograr el bien común, o por lo menos intentar que el uso del presupuesto público tuviera como finalidad acciones cuyo beneficio fuera colectivo.

Cuando menos se esforzaban por argumentar en ese sentido y con ello, como les suele gustar decir, cada uno desde su trinchera, empujaba a la mejora de la sociedad.

            Pero esa ecuación que García Vázquez describió con tanto tino poco a poco le fue abriendo paso a la otra ecuación que también describió un panista, Enrique Flores Flores, en la que la ideología fue desapareciendo y el elemento de unión se fue consolidando, no como instrumento para hacer realidad lo que la convicción ideológica dictaba, sino como aquello de lo que tenían que apropiarse.

            Si una idea comenzó a privar, fue la de idear una logística que les permitiera ajustar las facultades de cada puesto para tejer una red que le generara ganancias a cada uno de los ocupantes de los cargos públicos con un solo perdedor: el bien común. Una red de corrupción para que el dinero público se convierta en privado, en sus cuentas particulares.

            Así, los alcaldes rinden cuentas ante el Congreso del Estado, pero para salir con la estrellita de un manejo impecable de los recursos públicos basta con que compartan un porcentaje de lo que aplicaron irregularmente con la red de complicidades legisladores-Auditoría Superior del Estado.

            Se cumple el principio matemático del menos por menos da más: el manejo negativo de los recursos municipales multiplicado por el negativo moche a los revisores de las cuentas, da el positivo resultado de una cuenta pública impecable. Si no basta ver el informe final de auditoría a la Cuenta Pública del Ayuntamiento de la Capital: cero observaciones.

            Liberados de las ideologías (aunque aún aparenten tenerlas), los políticos hoy pueden –con la mano en la cintura– unirse a quienes aparentan ser totalmente antagónicos. La disputa deja de ser por ver quién hace las mejores propuestas para el desarrollo de la sociedad con una perspectiva ideológica, a degenerar en un simple juego de ver qué les toca en el reparto de los cargos públicos.

            Con el reparto de los cargos va incluida la posibilidad de participar en las ecuaciones corruptas que no sólo existen en el Congreso del Estado, sino que operan con distintos esquemas en cada ámbito de la administración pública y se enlazan entre ellas, en una Gran Ecuación de la Corrupción.

            Las imágenes de dirigentes y militantes “destacados” del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano con el aspirante presidencial Ricardo Anaya, son más que un monumento a la incongruencia. Se trata de la viva imagen de la versión Siglo XXI del lema cetemista en desuso “el que se mueve no sale en la foto” que hoy se traduce “al que no salga en la foto se queda sin hueso”.

            Si J. Carmen García Vázquez viviera, tal vez tendría que hacerle un ajuste a su célebre frase: Logos y colores los disfrazan, pero la corrupción los iguala. Así están las opciones para el 2018.





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